EU Global Strategy

Estados Unidos y Europa: cada cual su historia

25/06/2020 - 09:00
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25/06/2020 - En Europa se está debatiendo actualmente un ambicioso plan de recuperación para hacer frente a las consecuencias de la grave crisis económica provocada por la epidemia de coronavirus. A raíz de la propuesta conjunta de Emmanuel Macron y Angela Merkel, los 750 000 millones de euros de gastos adicionales propuestos por la Comisión deberían financiarse mediante la emisión de títulos de deuda en los mercados financieros.

 

La construcción europea nunca tuvo equivalente en otro lugar. Dejemos de referirnos constantemente al pasado y miremos mejor con decisión hacia el futuro.

 

Este proyecto sigue siendo objeto de debate entre los jefes de Estado y de Gobierno, pero ha generado también controversia entre los especialistas, que se preguntan si Europa se encuentra o no ante un «momento hamiltoniano», en referencia a la mutualización de la deuda realizada en los Estados Unidos en 1790.

El plan que se está debatiendo actualmente marca sin duda alguna un punto de inflexión en la construcción europea. Sin embargo, las enormes diferencias entre la situación europea y la estadounidense restan pertinencia a semejante comparación. La tentación de asimilar la integración europea al proceso que siguieron los Estados Unidos de América no es nueva. Sin embargo, esta asimilación es a menudo un obstáculo más que una ayuda: dejemos de volver siempre la mirada hacia ese pasado y optemos mejor por trazar nuestro propio camino.

Alexander Hamilton y las deudas americanas

Alexander Hamilton (1757-1804) es uno de los héroes de la guerra de independencia americana. Defendía una posición federalista, opuesta entonces, en particular, a la de Benjamin Franklin y Thomas Jefferson, partidarios de la autonomía de los estados federados. Los estados americanos se habían endeudado mucho durante la guerra, pero los del sur lo estaban menos que los del norte, motivo por el cual eran reacios a la idea de mutualizar la deuda.

Alexander Hamilton se convirtió en el primer secretario del Tesoro de los Estados Unidos. En este cargoconsiguió articular, en 1790, un acuerdo sobre la mutualización de las deudas heredadas de la guerra, gracias lo cual logró también que se reforzaran las competencias y los recursos, en particular fiscales, atribuidos al Tesoro federal. De ahí la denominación de «momento hamiltoniano» que se da a este hito en la historia de los Estados Unidos. Thomas Jefferson diría posteriormente que «de todos los errores de mi vida política, este es el que más pesar me causa».

«Next Generation EU»: un punto de inflexión decisivo para Europa

Es este episodio el que lleva hoy a algunos a considerar que el plan propuesto por la Comisión constituiría un «momento hamiltoniano» para Europa. No cabe duda de que la propuesta «Next Generation EU» es un punto de inflexión decisivo para la Unión. Ante el reto que plantea la profunda crisis económica provocada por la epidemia de coronavirus, resulta fundamental arbitrar medios inéditos no solo para limitar de manera solidaria los efectos sociales de esta crisis, sino también, pese a las dificultades actuales, para preparar nuestro futuro común frente a los desafíos del cambio climático y la revolución digital.

La emisión conjunta de títulos de deuda que se contempla hoy daría a la Unión esta capacidad de acción, al permitirle financiar las inversiones indispensables. Semejante evolución puede recordar, a primera vista, el episodio de la historia americana de 1790. Sin embargo, como ya han subrayado otros (enlace externo), existen grandes diferencias que hacen que esta comparación esté poco justificada.

El proyecto de la Comisión no es «hamiltoniano»

Con este proyecto, no se trata de mutualizar deudas preexistentes. En efecto, ese endeudamiento acumulado no es fruto de una guerra librada conjuntamente contra un enemigo común, sino de políticas nacionales distintas. Los Estados miembros de la Unión no contemplan una mutualización de este tipo, excluida a priori por los Tratados. Por el contrario, se trata de limitar el endeudamiento adicional de los Estados a que ha dado lugar la crisis desencadenada por la epidemia de coronavirus. Hasta cierto punto, el virus podría asimilarse a un enemigo exterior que atacase a los pueblos de la Unión, pero la analogía con el año 1790 sigue siendo limitada y poco operativa para calificar la senda que acomete hoy la Unión Europea.

En términos más generales, el paralelismo que se viene haciendo desde hace décadas entre las diferentes etapas de la formación de los Estados Unidos de América y las que jalonan la construcción europea tiene en realidad escaso sentido. Los Estados Unidos reunieron antiguas colonias británicas, relativamente homogéneas desde el punto de vista cultural, que solo tenían unas décadas de existencia previa. La construcción europea implica el acercamiento de Estados que, en muchos casos, tienen siglos de historia, cuyas raíces lingüísticas y culturales son diversas, aunque tengan una base común, y que han pasado gran parte de este tiempo guerreando entre sí, en particular, y de manera particularmente brutal, durante el siglo pasado.

 

Europa y Estados Unidos: otros tiempos, otras costumbres

Además, la construcción de Estados Unidos se llevó a cabo en una época en la que las empresas multinacionales, las tecnologías de la comunicación y la internacionalización de las finanzas estaban aún en sus primeros balbuceos y en la que los mercados nacionales estaban poco conectados entre sí. A la inversa, la construcción europea ha sido en lo esencial simultánea al intenso movimiento de globalización de las economías que hemos experimentado en las últimas décadas. Europa se enfrenta además hoy en día a desafíos totalmente distintos de los que conocieron los Estados Unidos de América en los siglos XVIII o XIX. Entre ellos cabe mencionar sobre todo la crisis medioambiental, pero también el contexto geopolítico es completamente diferente, en particular con la emergencia de China como potencia mundial…

Dejemos por tanto de referirnos constantemente al pasado americano y optemos mejor por mirar con decisión hacia el futuro de Europa. Como decía Jacques Delors, la construcción europea es una construcción sui generis, sin equivalente hasta la fecha. Solo si la entendemos así, y evitamos hacer paralelismos con tal o cual experiencia ajena del pasado, conseguiremos realmente que Europa avance.

Optemos, pues, por construir nuestro propio camino. Naturalmente, la grave crisis que atravesamos hoy no debe impedirnos buscar juntos soluciones innovadoras y ambiciosas, como las que ha propuesto la Comisión.