European Union External Action

Historias de migración entre El Salvador e Italia

01/03/2019 - 00:00
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Francisco y María: el deseo de sentirse libres y seguros

María tiene 19 años, desde hace aproximadamente diez vive en Zacatecoluca, una ciudad de 75,000 habitantes, con su abuela a quien ella ve como si fuera su mamá y de hecho así la llama. Su mamá, Concepción, vive en Italia desde hace diez años en la ciudad de Milán. Se fue con la esperanza de encontrar un mejor futuro para María y su hermanita Paola. El papá de María tiene otra familia y no se interesa por ellas.

Su hermanita Paola, de doce años, desde hace ocho meses vive en Italia con su mamá. Ahí ha empezado a estudiar octavo grado y por lo que María puede entender en las videollamadas, Paola está feliz de estar allá.
María no terminó el bachillerato, no le gustaba la escuela, pero no ha perdido las ganas de seguir con los estudios y un día desea graduarse. Su sueño es convertirse en médico en Italia. Si, porqué su mamá le ha asegurado que en poco tiempo se la llevará a Italia para poder estar todas juntas después de tanto tiempo. A María le encanta la idea.

Sin embargo, también le preocupa porqué tendrá que dejar sola a su abuela, quizás la persona qué más ama. Su abuela está contenta que María pueda volver a vivir con su mamá, para María aquí no hay futuro y ella lo sabe.
María está segura que irá a Italia, o quizá ella ya está allá (nosotros la vimos los primeros días de diciembre de 2018 y parecía que sus maletas estaban casi listas).

Francisco en El Salvador manejaba el negocio de su padre y esto lo hacía sentirse muy orgulloso. Sus sacrificios le permitían hacerse cargo de su familia y realizar el sueño de tener una casa propia.

Él, que no necesitaba migrar, se vio obligado a vender todo y a escapar de su país. No tuvo tiempo para preparar el viaje, ni para despedirse de los familiares y amigos. Nadie en su barrio tenía que saber de su partida.

Las pandillas habían empezado a cobrarle renta y él, para no arriesgar su negocio, pagaba puntualmente. Con el pasar del tiempo el monto impuesto crecía, así como las amenazas para obtenerlo. Mientras se trataba de un arma apuntada contra su persona fue valiente, pero cuando las amenazas involucraron a sus hijos y esposa, Francisco no pudo seguir aceptando. Denunciar a las autoridades no es siempre posible, nos explica, por el alto nivel de corrupción.

Francisco llegó a Italia hace dos años, desde entonces muchas cosas en su vida han cambiado. Nos cuenta que al principio fue duro, sus hijos han tenido que asimilar el estrés emotivo de quien vive bajo las amenazas de muerte contantes, prisioneros en casa por miedo a que la próxima salida fuera la última.

Su esposa ha tenido que adaptarse a una nueva condición social y aceptar un trabajo como empleada doméstica. Para Francisco el pensamiento de sus padres ancianos que se han quedado en su patria es una preocupación diaria, pero con la voz llena de esperanza afirma que no tiene miedo a los sacrificios: sus hijos merecen la vida y la libertad.

Los trámites burocráticos no son sencillos, pero con la ayuda de amigos salvadoreños y con la orientación de algunas instituciones ha logrado solicitar asilo político junto a su familia. Francisco ahora espera confiado la respuesta para poder reiniciar una nueva vida.  

María y Francisco son algunas de las personas salvadoreñas migrantes en Italia, familiares de salvadoreños que viven en Italia, y salvadoreños que han regresado desde Italia que la ONG Soleterre ha entrevistado en el marco del proyecto promovido y financiado por la Agencia Italiana de Cooperación al Desarrollo (AICS) “Italia – El Salvador: cooperación en tema de migración e inclusión socio-económica”, en fase de ejecución en ambos países.
El proyecto tiene el objetivo de realizar un estudio del fenómeno migratorio a partir de la condición de todas las personas involucradas en el proceso. El migrante, de hecho, cuando se involucra en el camino de la emigración deja una familia o parte de ella en el lugar de origen y esta separación tiene consecuencias de tipo psicológico, social y económico.

Las historias de María y Francisco son ejemplo de esto en el sentido que contienen todos estos aspectos: las motivaciones económicas, las aspiraciones personales, los traumas y las consecuencias del fenómeno migratorio.
El Salvador es un país con fuerte índice migratorio. En su territorio vive una población de aproximadamente 6,500,000 personas, pero hay otros 2,500,000 ciudadanos salvadoreños que viven fuera del país; una comunidad significativa vive en Italia, especialmente en el área metropolitana de Milán.

Soleterre trabaja desde hace varios años con las comunidades de migrantes en Lombardía y la colaboración con la comunidad salvadoreña de Milán la ha llevado a trabajar directamente en El Salvador desde el año 2007, especialmente en las temáticas de defensa de los derechos de las personas más vulnerables.

Gracias al apoyo de la AICS, actualmente Soleterre estudia más a fondo el fenómeno migratorio que une a Italia con El Salvador con el objetivo de mejorar los servicios para los migrantes, sus familias y las personas que regresan desde Italia o que quieren regresar a su país.

El proyecto se realiza en ambos países con la colaboración de dos centros de investigación, la Fundación ISMU en Milán y GMIES en El Salvador.

Soleterre trabaja desde hace años en temas de migración desde y en Centroamérica, de protección de los derechos de los más vulnerables, de promoción de actividades micro-emprenditoriales y de prevención de la violencia y justicia restaurativa en Centroamérica.

La prevención, la denuncia y el contraste de las desigualdades y de la violencia, cualquiera que sea la causa que la genera, son parte integrante de las actividades de Soleterre: porque salud es justicia social.    

Staff ONG Soleterre
Stefano Nespoli, Ana Cecilia Rivera y Christian Olivieri

 

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