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Libia: un rayo de esperanza

04/09/2020 - 09:15
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04/09/2020 - Este martes me desplacé a Libia para reunirme con las autoridades de un país devastado por la guerra. Tras el reciente anuncio de un alto al fuego del pasado 21 de agosto, el objetivo de mi visita era explorar el apoyo adicional que la UE puede proporcionar para hacerlo efectivo y ayudar a resolver el conflicto. Hay un rayo de esperanza que no debemos desperdiciar.

 

Desde la Primavera Árabe de 2011, Libia - un país de 6,7 millones de habitantes, potencialmente muy rico gracias a sus inmensas reservas de petróleo - se ha visto atrapada por violentos conflictos entre diferentes facciones y milicias, así como por actores extranjeros.

Diez años de conflictos violentos

El pueblo libio ha sufrido enormemente y la inestabilidad en el país ha tenido efectos negativos en la seguridad regional, afectando a los países colindantes y a toda la región del Sahel. Igualmente, el país ha servido como ruta principal para el tráfico de personas y la inmigración irregular hacia Europa. A sólo unos pocos kilómetros de nuestra costa europea, esta inestabilidad crónica ha sido desde hace mucho tiempo un motivo de gran preocupación para la UE.

En abril de 2019, cuando el General Khalifa Haftar del denominado Ejército Nacional Libio, que controla la parte oriental del país, inició una ofensiva militar, el conflicto armado llegó a otro punto álgido. Poco después, Ghassan Salame, entonces Representante Especial de las Naciones Unidas para Libia y jefe de la Misión de Apoyo de las Naciones Unidas en Libia (UNSMIL), propuso un elaborado plan de paz. Este plan pedía un alto el fuego y un diálogo interno entre las partes libias en conflicto. Fue aceptado por el General Haftar y el Gobierno de Acuerdo Nacional (GNA, por sus siglas en inglés) dirigido por el Presidente Faiez Serraj, con sede en Trípoli.

El "proceso de Berlín" para forjar la unidad internacional para la paz

Con el fin de apoyar activamente el proceso de mediación dirigido por las Naciones Unidas, y teniendo en cuenta que cualquier solución dependía de la aceptación de los actores internacionales implicados, Alemania inició el "proceso de Berlín" para forjar el consenso internacional necesario en favor de la paz en Libia. El proceso condujo a una conferencia en Berlín a principios de 2020 donde se aprobó una declaración de 55 puntos que especificaban los diferentes elementos de un posible acuerdo y establecían un proceso con apoyo internacional para contribuir a poner fin al conflicto. Se crearon tres vías paralelas: una vía militar con un grupo 5+5 encargado de elaborar las diferentes modalidades de un alto el fuego; una vía política con un grupo de representantes tanto del Este como del Oeste y de la sociedad civil para trabajar en una solución política; y una vía económica con expertos que trabajan en los desafíos económicos que deberán abordarse.

Lamentablemente, estos procesos no han conducido todavía a unos acuerdos y una paz sostenibles. Las injerencias extranjeras sobre el terreno se han multiplicado en los últimos meses, en particular por parte de Turquía, Rusia, los Emiratos Árabes Unidos y Egipto, que respaldan a las diferentes partes del conflicto. Violando el embargo de armas impuesto por las Naciones Unidas, las partes en conflicto siguen recibiendo armamento, mercenarios y apoyo financiero, y algunos países incluso enviaron tropas o amenazaron con hacerlo.

Los combates también dieron lugar a una paralización prolongada de la producción y las exportaciones de petróleo de Libia, que son la principal fuente de ingresos del país. El pueblo libio, que se enfrenta a condiciones de vida muy difíciles agravadas por el brote de Covid-19, está exasperado por la continuación de la guerra civil.

Sorprendente buena noticia

En agosto de este año, una rara buena noticia se produjo cuando el Presidente Faiez Serraj y Aguila Saleh, Presidente de la Cámara de Representantes, con sede en el este de Libia, acordaron llamar a un alto el fuego y desbloquear la producción de petróleo. Inmediatamente acogimos con satisfacción esta iniciativa. Sin embargo, sigue sin estar claro hasta qué punto este acuerdo será implementado por ambas partes, y este entendimiento no ha encontrado aún el apoyo del General Haftar.

En este contexto he viajado a Libia para observar de primera mano la situación, analizar el posible camino a seguir para una aplicación efectiva del alto el fuego, y ayudar a poner de nuevo en marcha el proceso de Berlín.

En mis reuniones con el Presidente Faiez Serraj, el Presidente de la Cámara de Representantes Aguila Saleh y el Presidente de la Corporación Nacional de Petróleo Mustafa Sanalla, profundizamos sobre las formas de lograr que los esfuerzos políticos den resultados y de levantar el bloqueo a la producción y exportación de petróleo.

La importancia crítica de la producción y exportación de petróleo

Esto último es muy relevante: en 2019, Libia produjo 1,2 millones de barriles de petróleo al día, pero actualmente la producción se ha detenido casi por completo. Si Libia volviera a su nivel de producción normal, esto le permitiría ganar al menos 10.000 millones de euros cada año.

He tenido ocasión de reiterar el compromiso de la Unión Europea de ayudar a reconstruir Libia – se trata también de nuestro propio interés. Como Unión Europea, queremos que Libia preserve su integridad territorial y que los libios decidan su propio futuro, libres de interferencias externas. Una Libia estable y pacífica podría ser un socio sólido para que la UE y la región colaboren eficazmente en diferentes ámbitos como el desarrollo económico, energía, comercio, seguridad, educación y migración.

La Operación Irini ha demostrado su utilidad

También tratamos de la contribución de la Operación Naval Irini de la Unión Europea, que supervisa el embargo de armas en el Mediterráneo de acuerdo con el mandato del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Hasta el momento, Irini ha realizado más de 600 llamamientos a buques para controlar el embargo de armas y el contrabando de petróleo. Ha demostrado su capacidad para documentar y vigilar las violaciones por ambas partes y ha demostrado su efecto disuasorio, impidiendo los intentos de contrabando de petróleo libio fuera del control de la Compañía Nacional del Petróleo de Libia desde terminales de la región de Tobruk.

La situación en Libia sigue siendo muy compleja y difícil. Sin embargo, vemos un rayo de esperanza y me he sentido alentado por el compromiso de todos los interlocutores con el proceso de Berlín como la solución al estancamiento libio, y el deseo compartido de garantizar que los combatientes extranjeros abandonen el país.

Aunque somos muy conscientes de la magnitud de la tarea que tenemos por delante, vuelvo de este viaje más optimista sobre el futuro de Libia. Pongámonos a trabajar ahora, en estrecha relación con la ONU y todos los actores relevantes, para que esta vez la oportunidad para la paz se haga realidad.

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