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Tras arduas negociaciones, los dirigentes de la UE han acordado un paquete de recuperación financiado de forma ambiciosa. Con este acuerdo, la UE demuestra su resiliencia y solidaridad internas, lo que es vital para los ciudadanos europeos, pero también sienta las bases de las interacciones de Europa con el mundo entero. Nuestra unidad interna determina nuestra fortaleza exterior.

El agua es vida. Podemos sobrevivir varios días sin comer, pero no sin beber. El agua es también el ingrediente básico, esencial para la producción de cualquier tipo de alimento, sea de origen vegetal o animal. Esta es la razón por la que la cuestión del acceso al agua dulce ha sido siempre fundamental para los seres humanos y, por consiguiente, ha sido siempre origen de numerosos conflictos. Sin embargo, estos conflictos, que están intrínsecamente vinculados al cambio climático, al desarrollo económico y al crecimiento demográfico, adquieren hoy en día una dimensión cada vez más preocupante: el acceso al agua se está convirtiendo en uno de los principales problemas geopolíticos de nuestro siglo.

El 9 de julio tuve el placer de participar en un panel de expertos de prestigio en asuntos internacionales de todo el mundo organizado por el Instituto de Estudios de Seguridad de la UE y Carnegie para debatir sobre el modo de transitar unidos por un mundo en pandemia

Debemos construir una cultura estratégica común en Europa. Si estamos más de acuerdo sobre cómo vemos el mundo y los retos que contiene, será más fácil ponernos de acuerdo sobre qué hacer con ellos. Habida cuenta de nuestras distintas historias, esto llevará tiempo: requiere numerosos debates entre todos los implicados en la configuración de la política exterior de Europa, tanto en Bruselas como en las capitales. Necesitamos entender de dónde procede cada uno de nosotros, lo que le preocupa a la gente y por qué; pero también lo que tenemos en común.

Asegurarse el éxito de una transición democrática nunca es fácil, ni siquiera cuando las circunstancias son las más propicias. Con sus jóvenes y sus mujeres a la cabeza, Sudán emprendió el año pasado el camino hacia la democracia. Tras muchos años de dictadura, de abusos, de mala gestión y de corrupción, querían un futuro mejor para su país.

El pasado 23 de junio tuve la ocasión de intervenir ante la Comisión para la Reconstrucción Económica y Social de España tras la pandemia del Covid-19 en el Congreso de los Diputados. Fue un gran honor comparecer por primera vez en el parlamento español desde mi nombramiento como Alto Representante para asuntos exteriores y política de seguridad de la UE.

En Europa se está debatiendo actualmente un ambicioso plan de recuperación para hacer frente a las consecuencias de la grave crisis económica provocada por la epidemia de coronavirus. A raíz de la propuesta conjunta de Emmanuel Macron y Angela Merkel, los 750 000 millones de euros de gastos adicionales propuestos por la Comisión deberían financiarse mediante la emisión de títulos de deuda en los mercados financieros.

El aumento de las tensiones internacionales y los conflictos en la vecindad de Europa hacen urgente que nos hagamos cargo de nuestra propia seguridad colectiva. Cuatro importantes Estados miembros han abogado últimamente por que la seguridad y la defensa constituyan una prioridad de primer orden para la Unión. Estoy totalmente de acuerdo con ellos. Desde el comienzo del mandato de esta Comisión, nuestra Política Común de Seguridad y Defensa ha sido un aspecto central de la política exterior de la UE y, aunque nos queda un largo camino por recorrer, ahora existe una tendencia cada vez mayor a reforzar nuestra capacidad colectiva de acción.

La crisis del coronavirus está creando un entorno mundial más competitivo, en el que el enfrentamiento crece más deprisa que la cooperación. Como UE, afrontamos a unos mares bravíos y corremos el riesgo de vernos atrapados en las corrientes transversales de las grandes potencias, que nos dicen «elige bando».

Si hay una cosa en la que los 27 Estados miembros de la UE estamos de acuerdo es que todos creemos en el multilateralismo normativo. Repetimos, casi como una letanía, que deseamos unas Naciones Unidas fuertes que sean el centro vivo del sistema multilateral. El Consejo de Seguridad es la máxima autoridad multilateral del mundo y tiene la última palabra en materia de paz y seguridad. Para mí ha sido un gran honor hablar ante el Consejo de Seguridad sobre la cooperación entre la UE y las Naciones Unidas (véase aquí) y expresar el firme apoyo de la UE a la labor de las Naciones Unidas, con contribuciones concretas en numerosos ámbitos, y especialmente en materia de paz y seguridad.

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