British Indian Ocean Territory and the EU

Asumir riesgos por la paz: la gestión de crisis de la UE en acción

23/01/2020 - 17:09
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Poca gente lo sabe, pero en la actualidad alrededor de 5 000 mujeres y hombres trabajan para la UE en dieciséis misiones y operaciones de gestión de crisis en tres continentes, cifra que próximamente aumentará hasta diecisiete, con el inicio de la nueva misión civil en la República Centroafricana. Estas misiones y operaciones son el alma de la política común de seguridad y defensa y a menudo la cara visible de la UE en zonas de crisis de todo el mundo.

 

Hoy he tenido el placer de conversar con todos los jefes de las misiones y operaciones civiles y militares de la UE. Hemos hablado por videoconferencia desde Bruselas, África, los Balcanes Occidentales, Europa oriental y Oriente Medio, todas las regiones donde están presentes las misiones y operaciones de la UE.

He podido escuchar de primera mano de los comandantes sobre el terreno cómo su labor contribuye a la seguridad, tanto de nuestros socios como de la ciudadanía europea. Las tareas en las que participan abarcan desde la formación y el asesoramiento de las fuerzas armadas o policiales hasta la gestión fronteriza, pasando por el apoyo a las reformas en el sector de la seguridad y al estado de Derecho y la lucha contra la delincuencia organizada. La ocasión me ha brindado la oportunidad de expresar mi gratitud y admiración por la profesionalidad de estos miles de mujeres y hombres que prestan sus servicios bajo la bandera de la Unión Europea en circunstancias difíciles y peligrosas.

Los desafíos a los que tenemos que enfrentarnos en materia de seguridad son numerosos y complejos, y este comienzo de año no ha sido un alivio en este sentido. Más bien todo lo contrario. Las tensiones y la violencia van en aumento a nuestro alrededor, especialmente en lugares como Libia y el Sahel, entre otros. Al mismo tiempo se multiplican las voces que exigen a Europa que se implique y actúe. Si queremos que la voz de Europa se tome en serio, tenemos que estar dispuestos a actuar. Tenemos que combinar nuestro poder no coactivo y nuestros esfuerzos diplomáticos con acciones concretas sobre el terreno. De otro modo, serán otros los que tomen las grandes decisiones que afectan a nuestra seguridad.

Durante los últimos años, Europa ha avanzado mucho en el refuerzo de sus políticas y capacidades de seguridad y defensa. Me vienen a la mente, por ejemplo, las nuevas estructuras de mando creadas en los últimos años, las nuevas propuestas de financiación, o el ambicioso pacto sobre migración acordado por los Estados miembros de la UE para reforzar la vertiente civil de nuestra política de seguridad y defensa. Lo que ha impulsado todos estos pasos es que hemos tomado consciencia del deterioro de nuestro entorno de seguridad y de la necesidad de asumir mayores responsabilidades como europeos. En muchos aspectos, nuestras misiones y operaciones de la PCSD constituyen nuestro trabajo más concreto, visible y tangible.

Soldados, policías, asesores políticos, expertos juristas y muchos otros profesionales trabajan sobre el terreno con nuestros socios para construir un entorno más seguro y estable. Proporcionan formación, asesoramiento, orientación y seguimiento. Su labor no es meramente técnica, sino que se engloba dentro de un enfoque global, el enfoque europeo para la construcción de la seguridad. Siempre se apoyan en un mandato de las Naciones Unidas y son fieles a los valores de la UE: paz, estabilidad, multilateralismo y derechos humanos.

Hoy he recalcado que si queremos que las misiones y operaciones de la PCSD sean eficaces, tenemos que dotarlas del personal y los medios necesarios. No podemos permitirnos no cumplir nuestros compromisos. Cuando decidimos de manera colectiva iniciar una operación o misión, tenemos que asegurarnos de que cuenta con el mandato y los recursos adecuados. Tenemos que escuchar los consejos de los comandantes sobre el terreno acerca de lo que necesitan para poder cumplir su cometido.

Siempre se pueden alegar motivos para no hacer más: restricciones presupuestarias, situaciones de seguridad complicadas, etc., pero cabe preguntarse: ¿nos podemos permitir ese lujo? La respuesta, claramente, es que no. Nuestra seguridad depende de la seguridad de nuestros socios. Por ello, asumir riesgos por la paz redunda en nuestro propio interés.