Delegation of the European Union 
to the United States

Sahel: para ganar la guerra, tenemos que ganar la paz

21/02/2021 - 20:07
From the blog

21/02/2021 — Blog del AR/VP — Los días 15 y 16 de febrero se celebraron las cumbres del G5 Sahel y la del Grupo de Pau + 1 entre el G5 del Sahel y sus socios internacionales. La conclusión es clara: los avances militares conseguidos solo serán duraderos si van acompañados de la vuelta del Estado y de sus servicios básicos.

 

El lunes y el martes pasados tuvieron lugar en Yamena dos importantes encuentros: la cumbre que reunió a los jefes de Estado de los 5 países del Sahel y, tras ella, la de la Coalición del Sahel sobre la revisión de los compromisos asumidos en la Cumbre de Pau en enero de 2020. Fui invitado a asistir a estas reuniones junto con el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, aunque las limitaciones impuestas por la COVID-19 nos obligaron de nuevo a participar por videoconferencia.

Fuerte crecimiento demográfico

Los países del G5 del Sahel (Chad, Mali, Níger, Burkina Faso y Mauritania) abarcan una zona más amplia que la Unión Europea, con una población de solo 84 millones de habitantes, cinco veces menor que la de la UE. Pero esta población, que casi se ha duplicado en los últimos 20 años, es muy joven (en 2019, los menores de 15 años representaban el 47% de la población del G5 del Sahel, frente al 15% de la UE) y también muy pobre: en 2019, el PIB medio per cápita de la región fue de 777 USD, según el Banco Mundial, 45 veces inferior al de la Unión Europea.

En los últimos años el crecimiento demográfico ha superado al crecimiento económico en el Sahel. Los Estados del G5 del Sahel, que se encuentran entre los más pobres del mundo, se enfrentan, por lo tanto, al reto de ofrecer un futuro a millones de jóvenes que quieren acceder cada año a un mercado laboral que tiene dificultades para absorberlos.

 

«Los Estados del G5 del Sahel, que se encuentran entre los más pobres del mundo, se enfrentan al reto de ofrecer un futuro a millones de jóvenes que quieren acceder cada año al mercado laboral.»

 

En estos inmensos territorios, la baja densidad de población, la falta de recursos de los Estados y los problemas de gobernanza dificultan el acceso de las personas a servicios públicos básicos como la seguridad, la justicia, la sanidad, la educación o el acceso al agua. La crisis en Libia y los conflictos ancestrales por el uso de la tierra entre agricultores y ganaderos, agravados por el cambio climático, la pobreza y las desigualdades exacerbadas provocadas por el crecimiento de la población, han alimentado la inestabilidad.

Lo que ocurre en el Sahel concierne directamente a los europeos, ya que los enormes retos políticos, sociales y económicos a los que se enfrenta esta región pueden extenderse al resto de África y afectar a Europa. Estos problemas crónicos han generado frustraciones, de las que se alimentan los grupos terroristas islamistas, que constituyen una amenaza potencial para Europa, y muchas otras actividades delictivas que también nos afectan, como el tráfico de drogas y la trata de seres humanos.

 

«Los problemas crónicos del Sahel han generado frustraciones, de las que se alimentan los grupos terroristas islamistas, que son una amenaza potencial para Europa, y muchas otras actividades delictivas que también nos afectan, como el tráfico de drogas y la trata de seres humanos.»

 

Esto ha llevado a la Unión Europea y a varios de sus Estados miembros, en particular a Francia, a implicarse desde hace años en diferentes frentes: político, humanitario, de seguridad y de desarrollo. Desde 2014, la UE y sus Estados miembros han movilizado más de 8.500 millones de euros en el Sahel. Más de 5.000 militares franceses participan en la Operación Barkhane y casi 15.000 cascos azules están desplegados por la MINUSMA, a la que contribuyen 19 Estados miembros de la UE.

 

 

 

Las tres misiones desplegadas por la UE, dentro de su Política Común de Seguridad y Defensa, movilizan a más de 900 europeos en el Sahel, con un coste medio anual de 100 millones de euros. El Grupo Operativo Takuba, creado en Pau el año pasado, reúne a miembros de las fuerzas especiales de varios países europeos y cuenta ahora con más de 250 militares europeos sobre el terreno.

La UE, en su afán de que la situación de la seguridad en el Sahel se aborde, progresivamente, de manera coordinada por los propios Estados de la región, apoyó además la creación en 2017 de una fuerza conjunta del G5 del Sahel, que ahora cuenta con 5.000 hombres. Además, aportó 266 millones de euros para dotar a esta fuerza de vehículos y medios de comunicación y para desarrollar herramientas para sus operaciones con el fin de garantizar el respeto de los Derechos Humanos y del Derecho internacional humanitario.

Resultados limitados

A pesar de este compromiso sin precedentes, hemos de reconocer que estos esfuerzos solo han tenido resultados limitados hasta la fecha. En el ámbito militar, en 2020 se registraron éxitos contra los grupos terroristas GSIM (Grupo de Apoyo al Islam y a los Musulmanes) y Al Qaeda en el Magreb Islámico (AQIM), pero sigue habiendo inseguridad. 2020 fue el año con más víctimas mortales en el Sahel, con más de 4.500 muertos.

Y la situación humanitaria se deterioró aún más el año pasado debido a la pandemia de COVID-19. Se calcula que, en el Sahel Central, más de 13 millones de personas se ven afectadas actualmente por desplazamientos forzosos, inseguridad alimentaria o acceso reducido a los servicios básicos. Incluso antes del estallido de la pandemia, 3.300 escuelas se habían visto obligadas a cerrar debido a la inseguridad. En la actualidad, 13 millones de niños están sin escolarizar, es decir, el 55 % de los niños de Níger, Mali y Burkina Faso.

 

«La conclusión es indiscutible: los éxitos militares solo serán sostenibles si se vuelve a dotar de servicios públicos a las zonas liberadas de terroristas».

 

Estas dramáticas cifras nos llevan a una conclusión indiscutible: los éxitos militares solo serán sostenibles si se vuelve a dotar de servicios públicos a las zonas liberadas de terroristas. Hoy en día, solo la vuelta a la escuela de esos millones de niños puede desactivar una temible bomba de relojería y solo un avance significativo y rápido en el acceso de las personas a otros servicios esenciales puede debilitar permanentemente a los terroristas y a aquellos que participan en actividades desestabilizadoras de todo tipo. Tenemos que definir lo antes posible con el G5 del Sahel cómo aplicar conjuntamente este nuevo enfoque y garantizar un seguimiento riguroso de los resultados obtenidos.

La buena gobernanza y el Estado de Derecho son el eje central de nuestra acción

Las cuestiones relativas a la buena gobernanza y al Estado de Derecho serán ahora el eje central de nuestro trabajo en el Sahel. No estamos en esta región para dar lecciones, sino para lograr resultados y apoyar los esfuerzos de los gobiernos, incluso en ámbitos muy sensibles, como la lucha contra la corrupción o la impunidad. Para poner fin al terrorismo, es esencial enviar señales contundentes a la población local: la justicia y otros servicios ofrecidos por el Estado deben ser más accesibles y más eficaces que los que les ofrecen (o, mejor dicho, les imponen) los terroristas.

 

«El Estado no debe verse solo como el ejército y la policía; debe ser un proveedor de bienes públicos básicos, un defensor de los derechos humanos y un protector.»

 

El Estado no debe verse solo como el ejército y la policía; debe ser un proveedor de bienes públicos básicos, un defensor de los derechos humanos y un protector. La impunidad debilita los éxitos militares; por este motivo, las denuncias de violaciones de los derechos humanos y del Derecho internacional humanitario deben tratarse sistemáticamente de manera diligente y exhaustiva. A este respecto, espero con interés el establecimiento de un mecanismo para la identificación, el seguimiento y el análisis de los daños causados a los civiles (MISAD). El informe de la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) de Níger sobre las desapariciones en la región de Tillabéry y la cooperación de las autoridades malíes con la comisión internacional de investigación independiente prevista en el Acuerdo de Argel son también noticias alentadoras.

En los próximos meses, nuestra prioridad será definir planes de acción nacionales para aplicar este nuevo enfoque. Prestaremos especial atención a la situación en Mali, ya que la estabilidad en el Sahel depende en gran medida de la estabilidad de este país. Tras un comienzo esperanzador, la transición civil iniciada en septiembre pasado tras el golpe de Estado de agosto de 2020 parece seguir progresando en la actualidad.

 

 

 

Además, en los próximos meses, reabriremos el debate sobre la inclusión de la Fuerza Conjunta del G5 en el capítulo VII de la Carta de las Naciones Unidas con el fin de garantizar una financiación más sostenible. También intensificaremos la coordinación con el G5 del Sahel para reforzar, en particular, las capacidades de seguridad y defensa de los Estados del Sahel y apoyar la vuelta del Estado a los territorios, como establecen los pilares 2 y 3 de la acción de la Coalición del Sahel, bajo el liderazgo de la UE y sus Estados miembros.

Espero que podamos hacer balance de los progresos realizados en todos estos ámbitos en la próxima cumbre de la Coalición del Sahel, que se celebrará en Bruselas antes del verano. En el Sahel, al igual que en otros lugares, no se gana la guerra sin ganar también la paz. Por eso, tenemos más que nunca la obligación de lograr resultados en este ámbito.

 

The Sahel: a shared responsibility

 

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