Delegation of the European Union to Uganda

Un esfuerzo conjunto y una dirección clara para la defensa europea

14/02/2020 - 07:00
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Cada día vemos pruebas patentes de la necesidad de que la UE intensifique su esfuerzo y asuma una mayor responsabilidad por su seguridad. Tenemos múltiples crisis en curso en nuestra vecindad y fuera de ella, crisis a las que un solo Estado miembro no puede hacer frente por sí mismo, sino que requieren una acción conjunta consolidada. Si no actuamos, lo harán otros, y no siempre de la manera que mejor convenga a nuestros intereses. Si queremos que la diplomacia tenga éxito —y, desde luego, lo queremos— debemos apoyarnos en la acción. Y para ello necesitamos tanto la voluntad como los medios, incluidos los medios de defensa.

 

Esta es la razón por la que el debate que he mantenido esta semana con mis compañeros de la Comisión sobre el futuro de la defensa europea es tan importante.

La buena noticia es que tenemos un marco político en el que basarnos, así como estructuras y conocimientos especializados, empezando por la Agencia Europea de Defensa y el Servicio Europeo de Acción Exterior. Si bien el origen de la política común de seguridad y defensa de la UE se remonta a principios de la década de 2000, los esfuerzos de la UE en materia de defensa han cobrado un nuevo impulso en los últimos años, con el desarrollo de nuevos instrumentos e iniciativas importantes para potenciar nuestras capacidades de defensa.

Con la CEP (Cooperación Estructurada Permanente), hemos creado un marco único para que los Estados miembros colaboren con el fin de impulsar la cooperación en ámbitos concretos, como la mejora de los sistemas de vigilancia marítima, la formación conjunta o el desarrollo de la próxima generación de helicópteros de ataque. Hasta la fecha, se han puesto en marcha 47 proyectos. Hemos establecido un mecanismo —la revisión anual coordinada de la defensa— que ayuda a los Estados miembros a detectar oportunidades de nuevos proyectos de colaboración. Hemos reforzado las estructuras de mando en los cuarteles generales para planificar y llevar a cabo misiones militares. Hemos propuesto un Fondo Europeo de Apoyo a la Paz que mejorará la financiación de las operaciones militares de la UE y la asistencia a nuestros socios en materia de defensa.

Pese a todo, debemos recordar que la acción real no está en Bruselas, sino sobre el terreno. En estos momentos tenemos en marcha 17 misiones y operaciones civiles y militares en las que cerca de 5.000 mujeres y hombres trabajan en favor de la paz

La defensa sigue siendo una competencia nacional de nuestros Estados miembros y, por lo tanto, la mayor parte de la cooperación europea en materia de defensa es intergubernamental. Sin el compromiso pleno de los Estados miembros, no podremos avanzar. Al mismo tiempo, en los últimos años se ha puesto de manifiesto que las aportaciones de la Comisión Europea pueden ser sumamente valiosas. Por ejemplo, en el marco del próximo presupuesto de la UE, el futuro Fondo Europeo de Defensa ofrecerá incentivos financieros para apoyar la cooperación en el seno de la industria europea de defensa con el fin de desarrollar capacidades muy necesarias de manera colaborativa. Puede ofrecer ayuda financiera para mejorar las infraestructuras en toda Europa, a fin de facilitar la movilidad de tropas y equipos. Asimismo, existe un enorme potencial de sinergias entre las políticas de defensa y otras políticas de la UE en ámbitos críticos, como el espacio, la ciberseguridad y la inteligencia artificial, o en lo que respecta al vínculo entre el cambio climático y la seguridad, ámbitos en los que la Comisión desempeña un papel importante.

Es evidente que la defensa es un «sector de crecimiento» para la UE. Esta es la razón por la que necesitamos que todos los que intervengan en el futuro de la defensa europea, en las instituciones de la UE y en los Estados miembros, sigan la misma dirección en su actuación. Para tener éxito, todos debemos esforzarnos por alcanzar el mismo objetivo estratégico: una Europa más capaz en el ámbito de la defensa. El papel del alto representante, que también es vicepresidente de la Comisión y dirige la Agencia Europea de Defensa, se creó precisamente para garantizar la coherencia y la orientación común de la defensa europea.

La idea del «rumbo estratégico», sometida actualmente a debate, tiene por objeto marcar mejor, junto con los Estados miembros, esta orientación.

Es evidente que la cooperación entre la UE y la OTAN forma parte de la ecuación. Una Europa más fuerte hace que la OTAN sea más fuerte y viceversa. Este es precisamente el mensaje que transmití al asistir esta semana a la reunión de ministros de Defensa de la OTAN. La UE y la OTAN son las dos caras de una misma moneda. La comunidad transatlántica debe permanecer unida y enviar así un potente mensaje tanto a los amigos y los socios como a los enemigos.

Este fin de semana, la conferencia de seguridad de Múnich incluirá muchos debates sobre el modo en que los socios transatlánticos, junto con otros, pueden hacer frente a problemas acuciantes en materia de seguridad.

En ese debate, la voz de Europa debe sonar con fuerza y aplomo; sin embargo, solo podemos desempeñar un papel destacado en la salvaguardia de nuestra seguridad —como debemos— si tenemos las capacidades que necesitamos y la voluntad de utilizarlas.

De ahí que en los próximos meses y años debamos avanzar realmente en el desarrollo de una Europa más fuerte y capaz en el ámbito de la defensa. Es un elemento fundamental para sustanciar nuestro objetivo declarado de convertirnos en un actor geoestratégico.