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Kwibuka y las enseñanzas extraídas de una tragedia

31/10/2021 - 17:58
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31.10.2021 – Blog del AR/VP – Acabo de regresar de Ruanda, donde he realizado una visita bilateral y copresidido la reunión ministerial entre la UE y la Unión Africana. Al visitar el monumento conmemorativo del genocidio y reunirme tanto con los supervivientes como con los autores del genocidio de 1994 contra los tutsis, fui testigo de una de las experiencias humanas más perturbadoras y conmovedoras de mi vida.

«Una cosa es perdonar y otra olvidar».

 

Ruanda es un pequeño país sin litoral situado en el gran valle del Rift, donde convergen la región de los Grandes Lagos y el África Oriental. Es uno de los países más densamente poblados del mundo. Hace veintisiete años, vivió uno de los mayores horrores del siglo pasado: en 1994, alrededor de un millón de personas fueron asesinadas en menos de cien días. Uno de cada ocho habitantes del país murió en el genocidio contra los tutsis, ante la mirada de una comunidad internacional que tenía la capacidad de protegerlos, pero no la voluntad.

Las penas de prisión de algunos de los autores del genocidio están llegando ahora a su fin, lo que significa que unos 30 000 saldrán en libertad. Imaginemos las consecuencias que esto puede tener para cualquier sociedad del mundo. Imaginemos las consecuencias que puede tener para Ruanda y para su población. Solo podemos aplaudir los esfuerzos de reconciliación de los ruandeses para permitir una coexistencia pacífica y evitar que se reabran las heridas sociales.

 

«Las penas de prisión de algunos de los autores del genocidio están llegando ahora a su fin, lo que significa que unos 30 000 serán puestos en libertad».

 

Durante mi estancia en Ruanda fui al distrito de Bugesera, a unos 45 kilómetros de Kigali. Visité un proyecto financiado por la UE que tiene por objeto la superación de traumas, la reconciliación y la integración de los presos, para evitar que el trauma se transmita a las generaciones futuras y el riesgo de que el conflicto resurja. Este proyecto piloto de Interpeace se centra en el distrito de Bugesera, que fue uno de los más afectados por las atrocidades de 1994. Las enseñanzas extraídas de este proyecto se difundirán a escala nacional y podrán reproducirse en otros países.

Asistí a una ceremonia en la que una mujer contó cómo la violaron y la separaron de sus hijos, que desaparecieron. Los buscó desesperadamente durante semanas. Un día, mientras comía en la cocina de sus vecinos, le dijeron que bajo la mesa en la que estaba sentada yacían enterrados sus hijos, que habían sido brutalmente asesinados por un grupo de milicianos. La mujer, llamada Monica, nos contó su sufrimiento y su desesperación, y cómo había tratado de recuperar su vida, aunque la pérdida de sus hijos la atormentaba cada día. Su testimonio fue poderoso y vívido, como si estuviéramos hablando de algo que sucedió ayer y no hace veintisiete años. Al terminar su testimonio, nos dijo que la persona responsable de violarla y de asesinar a sus cuatro hijos había sido encontrada y juzgada. Ahora acaba de salir de la cárcel. Vuelven a ser vecinos y ella ha decidido perdonarlo. Monica nos miró y dijo que ese hombre estaba entre los asistentes, y le pidió que también presentase su testimonio. Así lo hizo el hombre, expresando su arrepentimiento y tratando de explicar cómo había pasado a formar parte de una turba de asesinos y matado a decenas de personas.

Después de estos testimonios, solo cabe el silencio y la tristeza. Ver juntos a la víctima y al asesino fue un momento inolvidable e indescriptible. No puedo dejar de preguntarme cómo pueden ocurrir estas cosas, tanto las crueldades inenarrables que se produjeron como la reconciliación que está teniendo lugar ahora. ¿Cómo pueden los seres humanos ser lo bastante fuertes como para perdonar a quiénes les han hecho tanto daño y de una forma tan indescriptible? ¿Cómo han conseguido este país y su población llegar a una situación en la que lo peor de la condición humana puede ahora dar paso a lo mejor?

 

«¿Cómo pueden los seres humanos ser lo bastante fuertes como para perdonar a quiénes les han hecho tanto daño y de una forma tan indescriptible?»

 

Tras los testimonios, los organizadores de la ceremonia me invitaron a dirigirme a la audiencia, algo de lo que no estaba informado y para lo que no estaba preparado. Hablando espontáneamente y desde el corazón, también compartí mi propia experiencia. Mi país, España, sufrió una guerra civil terrible hace muchos años y donde mucha gente sigue acusando al otro bando, culpándose mutuamente de lo sucedido. Pero no se puede construir un futuro culpándose unos a otros por lo ocurrido en el pasado, y esto es lo que los ruandeses han descubierto en su notable esfuerzo de reconciliación.

¿Cómo lo hacen? La respuesta es Kwibuka, como dicen en la lengua kiñaruanda, que significa ‘recordar’ y es el tema de la conmemoración nacional: «recordar, unir y renovar».

Recordar

Hace falta mucho valor para hablar con quienes mataron a tus hijos y perdonarlos. Pero una cosa es perdonar y otra olvidar. Hay que recordar lo que pasó, porque quien no mantiene la memoria está condenado a repetir los mismos errores. Como europeos, les dije a mis interlocutores, no podemos dar lecciones a nadie. Llevamos siglos matándonos entre nosotros a causa de las religiones, las razas, los nacionalismos y las ideologías. Pero también hemos decidido dejar de luchar y crear una unidad basada en la reconciliación. La reconciliación también se basa en la memoria. Queremos construir juntos un futuro mejor porque recordamos lo horrible que fue nuestro pasado.

El monumento conmemorativo del genocidio de Kigali, que visité, sirve a este propósito. Es el último lugar de descanso para más de 250 000 víctimas. Aún hoy en día se siguen encontrando cuerpos y se entierran en este lugar. El monumento sirve para informar y educar sobre cómo surgió el genocidio. Y aunque lo sucedido va más allá de nuestra comprensión, el monumento ayuda a los supervivientes a sanar sus heridas.

Obviamente, los cientos de miles de muertos no fueron la única consecuencia del genocidio, como nos recuerda el monumento. Decenas de miles de personas que sobrevivieron fueron torturadas, violadas y mutiladas; decenas de miles sufrieron cortes de machete, heridas de bala, infecciones y hambruna. Hubo más de 300 000 huérfanos y más de 85 000 niños se convirtieron en cabezas de familia, ya que todos los adultos de sus familias habían sido asesinados. Hubo decenas de miles de viudas. Muchas mujeres fueron víctimas de violaciones y abusos sexuales, o presenciaron el asesinato de sus propios hijos. Un informe de UNICEF estima que el 80 % de los niños ruandeses en aquel momento sufrió la muerte de algún miembro de su familia y que el 70 % presenció con sus propios ojos como alguien era asesinado o herido. No hace falta decir que en la actualidad muchos ruandeses siguen sufriendo las consecuencias traumáticas del genocidio.

 

«La comunidad internacional también es culpable de no ayudar».

 

Al recordar la catástrofe, también debemos reparar en el fracaso de la comunidad internacional. El monumento conmemorativo documenta bien cómo el comandante Dallaire, de la Misión de Asistencia de las Naciones Unidas para Rwanda (UNAMIR), advirtió muy pronto de lo que estaba a punto de suceder. Sin embargo, debido a las limitaciones del mandato de la misión y a la falta de apoyo para ampliarlo, la UNAMIR quedó relegada a un papel secundario y no evitó el genocidio. La comunidad internacional también es culpable de no ayudar, y durante mi intervención pedí a los ruandeses que nos perdonaran a nosotros también.

Unir

No se puede construir un futuro culpándose unos a otros de lo sucedido en el pasado. Por difícil que resulte, es necesario perdonar y seguir adelante. A partir de la reconciliación y el perdón, Ruanda ha experimentado después del genocidio una trayectoria notable en muchos sentidos.

Renovar

Durante mi visita a Ruanda tuve el privilegio de asistir a una extraordinaria lección de humanidad. Vuelvo a casa cargado de sentimientos y fuertes impresiones. La construcción de la paz empieza con los vecinos, con quienes compartes una historia común de crueldad y dolor. No obstante, es con ellos con quienes tienes que construir tu futuro.

Los notables resultados obtenidos por Ruanda en los últimos años son un poderoso testimonio de esta renovación. Kwibuka, como dicen en el hermoso «país de las mil colinas».

Permítanme que concluya esta entrada del blog mencionando que Ruanda, más de veinticinco años después del genocidio, no solo ha tenido éxito en su proceso de reconciliación, sino que también disfruta de una evolución económica positiva y de avances importantes en los ámbitos de la salud y la educación y en la reducción de la pobreza. Al pasear por las calles de Kigali, que es una ciudad hermosa y con un desarrollo positivo, se percibe la voluntad de los ruandeses de seguir construyendo un futuro mejor. Parafraseando al Presidente Kagame: no importa cuánto dinero se invierta ni cuántas tropas se envíen, no habrá una solución sin una fuerte apropiación de la gente en la construcción de una buena gobernanza. Y esta apropiación se percibe en todo el país.

 

 

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