Delegation of the European Union to the Republic of Niger

Una Unión Europea más fuerte y autónoma, fuerza motriz de un mundo más justo - Discurso del presidente Charles Michel ante la Asamblea General de las Naciones Unidas

Brussels, 29/09/2020 - 15:51, UNIQUE ID: 200929_27
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Me dirijo hoy a ustedes en nombre de la Unión Europea, una Unión que se basa, al igual que las Naciones Unidas, en la cooperación pacífica, los derechos humanos y las libertades fundamentales: somos por ello firmes defensores de las Naciones Unidas y de las organizaciones internacionales con las que unimos fuerzas en favor del progreso humano.

Así precisamente estamos trabajando con la OMS para derrotar a la COVID-19. Como el mundo en su conjunto, Europa se ha visto gravemente afectada por la pandemia. En la Unión Europea, más de 142 000 personas han perdido la vida; les dedico un recuerdo, a ellas y a todas las víctimas de la COVID-19 en todo el mundo. También rindo homenaje a todos los profesionales sanitarios que han preservado el tejido de nuestras sociedades.

La crisis provocada por la pandemia no tiene precedentes. Ha agravado las debilidades de los países, las regiones y las poblaciones frágiles. También ha puesto de manifiesto la fragilidad de los países que se consideraban fuertes. Nos ha arrojado a todos repentinamente a una misma batalla, contra un mismo enemigo común.

La Unión Europea, por su parte, ha estado a la vanguardia de la cooperación internacional, que ha reunido casi 16 000 millones de euros para financiar la investigación y el despliegue de vacunas, pruebas y tratamientos; y estamos movilizados, junto con todos los intervinientes, para garantizar que estas vacunas y tratamientos sean universalmente accesibles y asequibles.

Cada nación y cada dirigente tiene el deber de reflexionar sobre la mejor manera de contribuir a nuestro objetivo común. Esto es así tanto en la lucha contra la crisis actual como en todos los desafíos mundiales. Kofi Annan dijo: «Para llegar a ser un buen ciudadano, hay que empezar por la propia comunidad». Con este espíritu quiero explicar por qué la Unión Europea quiere ser más fuerte y estratégicamente autónoma, además de ser un mercado abierto: más fuerte no solo por ella misma, sino para contribuir a un mundo mejor. La crisis ha hecho que este objetivo sea aún más esencial. Ha despertado una nueva responsabilidad colectiva para una reconstrucción mejor y más ecológica...

Antes de la crisis, Europa ya había emprendido una senda de transformación fundamental. Por ejemplo, ya había decidido convertirse en el primer continente neutro en carbono de aquí a 2050, y ya había adoptado una agenda digital ambiciosa, acorde con nuestros valores fundamentales.

Esta pandemia ha multiplicado por diez nuestra determinación de transformar nuestras economías y sociedades. Desde el principio se movilizaron 540 000 millones de euros para medidas urgentes. Posteriormente, en julio, el Consejo Europeo decidió movilizar unos recursos financieros ambiciosos y nunca vistos: más de 1,8 billones de euros para los próximos años, entre ellos 750 000 millones de euros recaudados mediante la emisión de bonos de la Unión Europea, sin precedentes por su naturaleza y tamaño. Con esta decisión histórica nos hemos coaligado, unidos y fuertes, para asumir mejor nuestras responsabilidades.

La responsabilidad empieza por ver las cosas como son, no como queremos que sean. En el mundo actual, el abuso de la fuerza, tanto militar como económica, suplanta demasiadas veces la argumentación y la negociación. Ocurre que el respeto de los tratados, principio básico del Derecho internacional, viene a ser considerado como mera opción incluso por quienes, hasta hace poco, eran sus garantes históricos. Todo ello en nombre de intereses partidistas.

Más que nunca, la Unión Europea defiende el orden internacional basado en normas y la cooperación basada en valores universales. La Unión Europea quiere ser más fuerte, más autónoma y más firme para defender un mundo más justo: con este espíritu lideramos el cumplimiento de los Acuerdos de París y ya hemos integrado los objetivos de la Agenda 2030 en nuestro sistema de gobernanza económica.

Estamos desarrollando ahora estos valores y este modelo abierto con mayor conciencia de nuestra fortaleza, con más realismo y quizá con menos ingenuidad. Tenemos fe en las virtudes de las economías libres y abiertas, nunca en el proteccionismo. Pero el acceso a nuestro gran mercado —la segunda zona económica más grande del mundo y la primera en cuanto al comercio internacional— ya no saldrá tan barato. Desde ahora, vamos a aplicar con mayor rigor la igualdad de condiciones en un mercado que está abierto a quienes respeten sus normas, tanto si abandonan nuestra Unión como si quieren aproximarse a ella.

La Unión Europea también se compromete a impulsar la equidad tributaria en términos generales, y en particular en el sector digital. Las actividades a gran escala realizadas en este sector no pueden seguir eludiendo una fiscalidad equitativa. La Unión Europea se compromete, junto con la OCDE y el G-20, a cooperar a nivel internacional para corregir esta injusticia.

La Unión Europa es un agente de paz y progreso, y quiere movilizar su influencia y su fortaleza para que otros adquieran también mayor solidez.

Apoyamos a los seis socios de los Balcanes Occidentales en su transformación e integración. Hemos reafirmado su perspectiva europea, y acabamos de decidir el inicio de negociaciones de adhesión con otros dos países de esta región: la República de Albania y la República de Macedonia del Norte.

A través de la Asociación Oriental, estamos desarrollando nuestras relaciones con seis países de nuestra vecindad, especialmente con vistas a reforzar las instituciones y el estado de Derecho. En Bielorrusia, las últimas elecciones presidenciales no fueron veraces. No aceptamos sus resultados y condenamos la represión violenta de la oposición y de las manifestaciones pacíficas. La represión y la intimidación deben cesar, y todos los responsables deben rendir cuentas y ser sancionados. Estamos con el pueblo bielorruso, que debe ser libre de elegir su futuro sin coacciones exteriores. La única vía realista para avanzar es un diálogo nacional integrador, con la facilitación de la OSCE.

La lucha contra la impunidad conlleva también exigir una investigación independiente y creíble para el caso del líder de la oposición ruso Navalny, víctima de un intento de asesinato con armas químicas.

La Unión Europea también está con el pueblo venezolano. Por ello, estamos trabajando con el Grupo Internacional de Contacto para encontrar una solución pacífica y negociada que ha de incluir unas elecciones libres, creíbles y limpias.

Estoy seguro de que la relación entre Europa y África será la columna vertebral de un mundo más justo y más fuerte. Juntos, representamos en esta Asamblea a alrededor de 80 naciones y 1 700 millones de ciudadanos, la gran mayoría de los cuales se encuentran entre los más jóvenes del planeta. Nuestros dos continentes nunca han sido tan interdependientes, para lo bueno y para lo malo. Reconocerlo no constituye ni afropesimismo estéril ni afrooptimismo ingenuo. Se trata de reconocer que esta interdependencia es también un llamamiento. Se trata de reconocer que una Europa fuerte necesita una África fuerte, y viceversa. El potencial es enorme. Invertir, innovar, desarrollar infraestructuras, fomentar la educación y apoyar los sistemas sanitarios: esta es la clave para forjar una asociación mutuamente beneficiosa. Inspirémonos en el vigor del concepto africano de Ubuntu: la idea de que mi humanidad está inextricablemente vinculada a la tuya, de que nuestros destinos están ligados y de que nuestros actos individuales solo alcanzan buen fin si tienen sentido para el bien común. Este principio de Ubuntu explica también mi reiterado llamamiento para resolver la cuestión de las deudas de los países más pobres, con un espíritu de solidaridad que tenga también en cuenta los efectos de la pandemia.

La Unión Europea está preocupada por las tensiones en el Mediterráneo oriental. Deben cesar completamente los actos unilaterales y las violaciones del Derecho internacional. Estamos emprendiendo, junto con nuestros Estados miembros, diligentes iniciativas diplomáticas para reducir las tensiones y promover el diálogo. Con este espíritu, he propuesto la organización de una conferencia multilateral sobre el Mediterráneo oriental, en colaboración con las Naciones Unidas. Muchos agentes ya han respondido positivamente y están dispuestos a debatir las modalidades, el programa y el calendario. Las delimitaciones marítimas, la seguridad, las cuestiones energéticas y la migración son algunos de los temas que a mi juicio deben tratarse.

También apoyamos la labor de las Naciones Unidas y, en su caso, de las organizaciones regionales, como la realizada en Libia o en Siria.

El acuerdo nuclear con Irán sigue siendo clave para la no proliferación y la seguridad regional a escala mundial. Por lo tanto, es esencial preservar el PAIC y que todas las partes lo apliquen plenamente. El acuerdo aprobado por la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sigue vigente y no cabe duda de que siguen aplicándose los compromisos de levantamiento de las sanciones contraídos en virtud del acuerdo. Si bien apoyamos firmemente que se mantenga el acuerdo con Irán, seguimos planteando con firmeza otros motivos de preocupación, como la situación nacional y regional.

También acogemos con satisfacción el inicio de las negociaciones entre las partes afganas y apoyaremos una paz duradera.

En esta atribulada región, la cuestión de la paz entre palestinos e israelíes es más actual que nunca. Debemos seguir apoyando las aspiraciones legítimas de ambas partes, y seguimos firmemente comprometidos con la solución de dos Estados. No escatimaremos esfuerzos con nuestros socios internacionales, entre ellos el Cuarteto, para facilitar el regreso de israelíes y palestinos a la mesa de negociaciones, con el fin de encontrar una solución negociada dentro de los parámetros acordados internacionalmente. Pues nuestro compromiso con el Derecho internacional y las Resoluciones de las Naciones Unidas es inquebrantable. Al mismo tiempo, acogemos con satisfacción el acercamiento de Israel a algunos países de la región como una evolución positiva para la paz y la estabilidad en Oriente Próximo.

Desde que fui nombrado presidente del Consejo Europeo, me han planteado muchas veces una pregunta que es a un tiempo sencilla y cruda: «En la nueva rivalidad entre los Estados Unidos y China, ¿de qué parte se sitúa la Unión Europea?» Esta es mi respuesta.

Nuestra relación con los Estados Unidos es profunda. Compartimos ideales, valores y un afecto mutuo que se han ido reforzando a lo largo de las vicisitudes de la historia y que hoy en día siguen estando encarnados en una alianza transatlántica vital. Esto no impide que, en ocasiones, tengamos puntos de vista o intereses divergentes.

No compartimos los valores en los que se basa el sistema político y económico de China, y no dejaremos de promover el respeto de los derechos humanos universales, en particular los de minorías como los uigures, o también en el caso de Hong Kong, donde se están poniendo en cuestión compromisos internacionales que garantizaban el estado de Derecho y la democracia.

China es un socio crucial para hacer frente a retos comunes, como el calentamiento global, la COVID-19 o el alivio de la deuda de África, y es también un importante socio comercial. Sin embargo, estamos decididos a hallar un nuevo equilibrio en esta relación, avanzando hacia una mayor reciprocidad y una competencia más leal. Es este un espíritu que también estamos cultivando con los miembros de la ASEAN, con los que seguiremos profundizando nuestras relaciones.

Defendemos los valores fundamentales de la democracia, los derechos humanos, el estado de Derecho y la cooperación: son nuestra brújula en la búsqueda de nuestros intereses. La Unión Europea es una fuerza autónoma, dueña de nuestras decisiones, dueña de nuestro destino.

Por último, en nombre de la Unión Europea, quisiera reafirmar esta convicción esencial: no puede haber progreso si no progresa el empoderamiento de la mujer. La discriminación contra las mujeres sigue siendo uno de los principales obstáculos para el desarrollo. Debemos luchar incansablemente contra ese fenómeno. La igualdad entre hombres y mujeres, así como la protección de la diversidad, en particular la diversidad sexual, siguen siendo uno de los grandes retos de nuestro tiempo.

La Unión Europea continuará siendo una fuerza motriz del multilateralismo y del orden internacional basado en normas. Nuestro apoyo a las Naciones Unidas sigue siendo tan firme como siempre, y seguiremos apoyando que se pongan en práctica las reformas propuestas por el secretario general. Porque necesitamos un sistema multilateral reforzado y eficaz. Para ello se precisa que unas Naciones Unidas aún más fuertes logren resultados en favor de la paz mundial. Europa, con mayor pujanza y determinación, estará a vuestro lado para hacer del mundo un lugar mejor y más justo para vivir. Muchas gracias.

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