Delegation of the European Union to Mauritania

Debemos hablar claro y actuar con determinación respecto a la democracia

24/11/2020 - 19:18
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Blog del AR/VP – 24/11/2020 - En vista de la actual «recesión democrática» y el surgimiento de nuevas amenazas para la democracia, debemos velar por su defensa, tanto dentro como fuera de nuestras fronteras. En particular, debemos profundizar nuestra cooperación con otras democracias para frenar el aumento del autoritarismo.

«Tanto en el seno de la UE como a escala mundial, la democracia se enfrenta a desafíos y amenazas de una magnitud no vista en décadas. Debemos intensificar nuestra actuación para defender la democracia».

 

He disfrutado del reciente artículo de opinión (enlace externo) de Michael Meyer-Resende, en especial, por su llamamiento a la UE para reforzar nuestro papel en la defensa de la democracia en el mundo. También me plantea un desafío: «El alto representante de la Unión para Asuntos Exteriores, Josep Borrell, ha usado un lenguaje sorprendentemente claro para explicar las políticas exteriores europeas. Ahora debería hablarnos claramente de la democracia». Espero que considere lo siguiente como un acto de franqueza.

En el mundo entero, la democracia se enfrenta a desafíos y amenazas de una magnitud no vista en décadas. Según el Democracy Report 2020 (enlace externo) (Informe sobre democracia 2020) del V-Dem Institute, este es el primer año desde 2001 en el que la mayoría de los países del mundo son autocracias: 92 países que concentran el 54 % de la población mundial. Asimismo, los desafíos para la democracia están presentes en algunos países relativamente prósperos y estables que podrían atribuirse la reinvención de la democracia ateniense en el mundo moderno. Cuando un presidente estadounidense se niega a reconocer el resultado electoral y manifestantes armados invaden las calles con su consentimiento tácito, no podemos ignorar las señales de alarma.

 

Incluso en Europa, las fuerzas políticas antidemocráticas han ganado un nivel de apoyo impensable en el pasado.

 

Incluso en Europa, las fuerzas políticas antidemocráticas han ganado un nivel de apoyo impensable en el pasado. Los Estados miembros de la UE debaten hoy sobre el significado y el alcance de la aplicación del Estado de Derecho. En dos Estados miembros hay en marcha un procedimiento formal por vulneración del Estado de Derecho, y el paquete de medidas de recuperación económica de la UE está bloqueado precisamente por objeciones a las salvaguardias del Estado de Derecho propuestas.

Debemos actuar con urgencia respecto a estos desafíos. No solo porque la democracia es un principio fundamental de la Unión y porque la democracia está integrada en las normas y los estándares del orden multilateral basado en reglas que tanto apreciamos, sino también porque hacerlo sirve fundamentalmente a nuestros intereses estratégicos. Cuantas más democracias haya en el mundo y cuanto más fuertes sean, más aliados encontraremos para fortalecer el sistema multilateral basado en normas y responsable que promovemos.

En la competencia entre grandes potencias, el apoyo de Europa a la democracia es una fuente importante de nuestro poder de atracción. Las encuestas mundiales demuestran claramente que las mayorías de todo el mundo, también en los países autoritarios, apoyan la democracia. La democracia está asociada a la reducción de la desigualdad y, por consiguiente, a la reducción de los niveles de injusticia y conflicto. Puede evitar el surgimiento de la guerra y el conflicto y ayudar a reducir los factores que favorecen la migración irregular. Un sistema de contrapoderes y un marco jurídico sólido atraen a los inversores externos y, por tanto, favorecen el crecimiento futuro, al reducir los temores sobre el abuso de poder o la aplicación arbitraria de la ley.

Medidas concretas de la UE en apoyo a la democracia

En general, la UE ha hecho mucho para apoyar la democracia a nivel mundial a través de programas y de proyectos, pero también en los países vecinos, a través del proceso de adhesión y los criterios de Copenhague, que son requisito imprescindible para el inicio de las negociaciones para la adhesión. La UE ofrece a sus socios más cercanos una relación privilegiada, a condición de que esta se base en un compromiso mutuo con la democracia, los derechos humanos, el Estado de Derecho y la buena gobernanza. Y también ayudamos a nuestros socios a adherirse a estos principios, entre otras cosas, mediante asistencia financiera y técnica para apoyar las reformas institucionales, a las organizaciones de la sociedad civil y los contactos interpersonales.

 

 Según el «principio de Heisenberg», sabemos que la mera observación de la realidad la modifica. Así que el hecho de que la UE haya estado presente ha ayudado a garantizar unas elecciones justas o ha puesto de manifiesto las deficiencias, si existían. 

 

Desde 1995, vinculamos nuestra política comercial al respeto de los derechos humanos. Esto incluye los incentivos comerciales que ofrecemos a los países en desarrollo que se comprometen a respetar las normas fundamentales de derechos humanos, a través de los instrumentos del SPG y del SPG+, pero también las «cláusulas de derechos humanos» que incluimos en los acuerdos comerciales regionales y bilaterales.

Durante años, hemos trabajado activamente con misiones de observación electoral, en colaboración con el Parlamento Europeo. Según el «principio de Heisenberg», sabemos que la mera observación de la realidad la modifica. Así que el hecho de que la UE haya estado presente ha ayudado a garantizar unas elecciones justas o ha puesto de manifiesto las deficiencias, si existían. 

Este año hemos demostrado en varios casos críticos que pasamos a la acción cuando se roban elecciones o se suprimen los derechos democráticos. En Bielorrusia, hemos apoyado a la oposición democrática y sancionado a los responsables del fraude electoral y la consiguiente represión, y ahora estamos trabajando en una tercera ronda de sanciones. En Hong Kong, hemos condenado la imposición de la nueva ley de seguridad y hemos propuesto un paquete de medidas relacionadas con los visados, la ampliación de las becas de estudio y las restricciones a la exportación de tecnologías y equipos específicos sensibles, con el fin de impedir que se utilicen para la cibervigilancia y la represión. En Venezuela, hemos trabajado mucho para encontrar una solución política y democrática a la crisis y hemos extendido las sanciones impuestas a treinta y seis personas incluidas en la lista de responsables de violaciones de los derechos humanos o de socavar la democracia y el Estado de Derecho.

Asimismo, acabamos de adoptar un nuevo Plan de Acción para los Derechos Humanos y la Democracia para los próximos cuatro años, que hará mayor hincapié en las medidas de apoyo a la democracia que los anteriores planes, y nuestros programas en este ámbito en virtud del nuevo marco financiero también prestarán mayor atención al apoyo a la democracia. El nuevo régimen de sanciones de la UE en materia de derechos humanos, cuando se apruebe, también nos dará mayor fuerza para apoyar la democracia en el mundo. 

 

La UE tiene muchas posibilidades de formar equipo de manera más sistemática con aliados democráticos de Asia, África o América para formular respuestas conjuntas ante el ascenso del autoritarismo en el mundo.

 

Evidentemente, podría decirse que, en todos los casos anteriores, la UE (aún) no ha alcanzado sus objetivos. Este es un motivo para ser modestos en nuestras declaraciones y conscientes del grado de dificultad de estos problemas. Aun así, es evidente que no podemos darnos por vencidos. Ello pone de manifiesto la necesidad de redoblar nuestros esfuerzos y de intensificar la colaboración con socios democráticos afines. La UE tiene muchas posibilidades de formar equipo de manera más sistemática con aliados democráticos de Asia, África o América para formular respuestas conjuntas ante el ascenso del autoritarismo en el mundo.

Dos desafíos más generales para la democracia

Más específicamente, veo dos desafíos «horizontales» para la democracia que debemos atajar de frente. El primero es la interferencia en los procesos democráticos por Internet, ya sea por parte de poderes extranjeros o de políticos que trabajan con consultoras digitales cuestionables. Estas formas nuevas de hacer política se han extendido por todo el mundo democrático y, lo que es importante, fuera del marco de las normas, las leyes y las prácticas en las que se basa la democracia.

Dado que las normas aplicables a la comunidad corporativa de las plataformas de redes sociales no son suficientes para proteger la democracia, la Comisión aborda diferentes aspectos de este problema dentro de la UE. El Plan de Acción para la Democracia Europea y la propuesta de Ley de Servicios Digitales que adoptaremos en diciembre supondrán un cambio radical en este trabajo.

Sin embargo, la naturaleza del desafío en Internet para la democracia es que Internet no reconoce las fronteras. Es por eso que dedicaremos los mismos esfuerzos a la cooperación con socios democráticos, gobiernos y la sociedad civil del mundo entero para fortalecer nuestra capacidad colectiva para garantizar que lo que es ilegal en el mundo real también pueda evitarse en línea. Esto incluye la incitación al odio y a la violencia, las violaciones sistemáticas del derecho a la intimidad y la protección de los datos en campañas dirigidas a segmentos muy específicos de la población o mermar los techos de financiación para gastos de publicidad política y campañas electorales.

 

Debemos trabajar con defensores de la democracia afines allí donde estén, ya sea dentro o fuera de la Unión.

 

El segundo desafío horizontal es el que mencioné anteriormente: las amenazas para la democracia dentro de la UE. De la misma forma que los Estados Unidos ya no pueden referirse a la ciudad resplandeciente sobre la colina, nosotros tampoco podemos seguir actuando como si tuviéramos la receta secreta para una democracia resiliente y el resto del mundo debiera seguir nuestro ejemplo.

Esto significa que debemos trabajar con defensores de la democracia afines allí donde estén, ya sea dentro o fuera de la Unión, con los gobiernos y las organizaciones de la sociedad civil. En este contexto, comparto la opinión de Michael Meyer de que deberíamos responder positivamente a la propuesta del presidente electo Joe Biden de celebrar una cumbre mundial para la democracia.

Ello sería signo de autonomía estratégica y no de complacencia estratégica.

 

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