Delegación de la Unión Europea en El Salvador y ante el Sistema de la Integración Centroamericana (SICA)

Siria: seguiremos cumpliendo nuestro cometido

02/07/2020 - 18:59
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02/07/2020 - Durante los casi diez años transcurridos desde el inicio de la guerra civil en Siria, he seguido muy de cerca su devastadora evolución y las atrocidades que ha sufrido el pueblo sirio. Vengo de un país que vivió una guerra civil y sé perfectamente cuánta división y destrucción causan estas guerras en una sociedad. Más de doce millones de sirios, la mitad de la población del país antes de la guerra, han tenido que huir de su hogar. Más de medio millón han perdido la vida. Una generación entera de niños sirios no han conocido otra cosa que la guerra. Como europeos, conjuntamente, hemos sido incapaces de detener esta masacre a las puertas de nuestro continente. En nuestro quehacer cotidiano por construir una política exterior y de seguridad común de la UE más fuerte, a menudo pienso en Siria y en lo que podríamos haber hecho por ella.

Pero eso es agua pasada. A día de hoy, las cosas en Siria están lejos de haberse arreglado; antes bien, el país se dirige, de hecho, hacia una situación de inestabilidad duradera. La economía está en caída libre, como resultado de la mala gestión crónica del régimen, la corrupción generalizada y la crisis del sistema bancario libanés, que era la vía de acceso de Siria al sistema financiero. Las consecuencias de la crisis mundial del coronavirus están empeorando aún más las ya de por sí calamitosas condiciones de vida de los sirios. Lo cierto es que este pueblo ha sufrido ya demasiado, y que se merece algo mucho mejor. Lo primero y ante todo, la perspectiva de un futuro mejor, digno, y en paz. Es nuestro deber como europeos —es mi deber— hacer cuanto podamos para lograrlo.

La Conferencia de Bruselas sobre el futuro de Siria y su región, que tuvo lugar el 30 de junio, fue el encuentro más importante de este año para atender a las necesidades más urgentes derivadas de la crisis de Siria. Una ocasión única para mostrar nuestro apoyo, tanto político como económico, a la sociedad civil siria, naturalmente, pero también a los países vecinos de Siria y a sus ciudadanos, en particular los de Jordania, Líbano y Turquía, que han mostrado una solidaridad extraordinaria con los 5,6 millones de sirios que tuvieron que encontrar refugio fuera de su país.

 

 

A pesar del coronavirus, y a pesar del riesgo de «fatiga de los donantes» que lleva aparejado todo conflicto prolongado, esta Conferencia, gracias a la movilización persistente de la comunidad internacional y a nuestro copresidente, las Naciones Unidas, nos ha permitido recaudar otros 6 900 millones de euros. Sé que no es suficiente; es probable que nada de lo que hagamos lo sea, a ojos de quienes llevan diez años sufriendo una guerra. Con todo, estamos orgullosos de este resultado, y en particular de que casi las tres cuartas partes de estos fondos procedan de la UE y de sus Estados miembros.

Para mí, uno de los momentos más reveladores de la Conferencia fue la conversación que pude mantener en persona con varios miembros de la sociedad civil siria. La sociedad civil de Siria era prácticamente inexistente hace diez años. Creció a la velocidad del rayo durante el conflicto, prestando servicios a la población, defendiendo los derechos de los sirios y atendiendo a sus necesidades. El compromiso de la sociedad civil siria y de las organizaciones no gubernamentales, su determinación de construir un país mejor, de modo que los diez años de infierno no hayan sido en vano, es una lección de dignidad.

 

Hablé con mujeres y hombres que han perdido a familiares, que todavía tienen a seres queridos desaparecidos o detenidos en circunstancias que desconocen. La cuarta parte de la población tiene un desaparecido entre sus parientes o amigos cercanos y se pregunta cada día qué habrá sido de ellos. Estas son algunas de las muchas formas en que la sociedad siria se ha fracturado y sigue cautiva del conflicto. Contra toda probabilidad, acabé mi conversación con ellos con cierta sensación de esperanza, o al menos animado por su impresionante determinación. En sus manos están las llaves del futuro de su país: pueden construir una Siria mejor.

Pero los objetivos de las Conferencias de Bruselas iban mucho más allá que los de una mera conferencia de donantes. Gracias a ellas, hemos logrado también situar a Siria en el primer plano de la actualidad política. No se trata solo de la UE: Europa en su conjunto, los países vecinos de Siria, los Estados del Golfo, toda la comunidad internacional, desde Brasil a Japón, desde Canadá hasta Australia, han reafirmado su apoyo inequívoco a los esfuerzos de las Naciones Unidas por facilitar las conversaciones a nivel interno en Siria y encontrar una solución política duradera al conflicto.

Inauguré la Conferencia diciendo que el país no va mejor. De hecho, las cosas se están poniendo peor de lo que han estado nunca desde que comenzó la guerra. Sé que el régimen y sus partidarios culpan de la situación a las sanciones de Occidente. Como ya hemos reiterado en muchas ocasiones, las sanciones de la UE no tienen nada que ver con las dificultades reales que se viven dentro del país. Lo cierto es que Siria sigue siendo víctima de una explotación económica organizada, orquestada precisamente por las personas que nos acusan.

Nuestras sanciones se dirigen de manera específica a estas personas y a las entidades bajo su control. Se adoptaron a partir de 2011, en respuesta a presuntos crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad, que no deben quedar impunes. Están ideadas para no impedir la prestación de ayuda humanitaria y médica: nunca hemos impuesto a Siria un embargo. Por el contrario, es principalmente la asistencia internacional la que permite seguir suministrando alimentos y asistencia sanitaria o educativa a personas necesitadas dentro de Siria.

Me consta además que la reconciliación plena y completa es no solo posible, sino también enormemente gratificante. Y los europeos estamos dispuestos a hacer más para ayudar. De hecho, preferiríamos, con diferencia, que no hubiera que prestar apoyo a una población en situación desesperada, para poder gastar ya el dinero en ayudar a reconstruir Siria. Sin embargo, la reconstrucción no es simplemente reconstrucción de infraestructuras y viviendas: consiste en recomponer el tejido social de Siria, restablecer la confianza y crear condiciones que eviten el resurgimiento de la violencia; requiere unas condiciones mínimas de gobernanza, responsabilidad pública y representatividad de las autoridades gubernamentales. En la actualidad, Siria no cumple ninguno de estos criterios. Nosotros estamos dispuestos a cumplir nuestro cometido en la reconstrucción y la reconciliación de Siria, en cuanto se haya acometido con claridad una auténtica transición política.

Corresponde a los sirios decidir el futuro de Siria. Los sirios deben asumir y dirigir las negociaciones políticas sobre el futuro de Siria. La situación de Siria de aquí a un año dependerá del empeño que ponga el régimen en aplicar la Resolución 2254 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. No en beneficio nuestro, ni del régimen o de sus partidarios, sino en beneficio de todos los sirios.