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Jóvenes músicos benefician de un desarrollo integral en el Lyceum Mozartiano de La Habana

23/07/2015 - 00:00
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En el corazón de la capital cubana los acordes de Schubert, Mozart y Ravel se mezclan con el bullicio de la ciudad vieja. En la calle Obrapía, a un costado del Oratorio San Felipe Neri, se encuentra el Lyceum Mozartiano de La Habana. Allí llega cada día José Antonio Méndez Padrón para dirigir los ensayos de su orquesta con la certeza de que es necesario perpetuar la tradición sinfónica en un país como Cuba, mucho más reconocido por el son y la rumba en todo el mundo, y contribuir igualmente a extender el conocimiento de la música europea en la isla caribeña.

Con apenas 29 años, José Antonio es director de la Orquestra Sinfónica del Instituto Superior de Arte (ISA), adscrita al Lyceum Mozartiano de La Habana, institución que fuera creada en 2009 con la colaboración de la Oficina del Historiador de La Habana, el ISA y la Fundación Mozarteum de Salzburgo para promover la música clásica cubana y europea en la isla. Con la ambición principal de fortalecer al Lyceum como centro cultural de referencia en esta materia, la Unión Europea contribuye con el proyecto desde 2012, ideando un marco de cooperación que ha permitido incrementar los talleres impartidos en La Habana por prestigiosos profesores y directores de orquesta europeos de la talla de Ronald Zollman, Walter Reitter y Jorge Rotter, posibilitar que estudiantes cubanos reciban clases de perfeccionamiento musical en los cursos de verano de la Universidad de Salzburgo y crear una mediateca donde encontrar partituras, grabaciones y bibliografía actualizada.

La existencia de estas condiciones favorables facilitadas por el proyecto ha permitido a la orquesta crecer cuantitativa y cualitativamente. "Si bien han ido cambiando los músicos cada año y los nuevos llegan de cero a la orquesta porque nunca han tocado en una agrupación de este formato, es increíble ver cómo le puedes poner un programa difícil y realmente con uno solo que tenga la experiencia, todo el mundo rápidamente se une a eso. Cada año el nivel de la orquesta sube."

Hoy el Lyceum es “un oasis dentro de todo”, en palabras de José Antonio, un espacio al que cada tarde llegan los 80 miembros de una orquesta integrada por estudiantes de nivel medio y jóvenes profesores, provenientes de muy diversas esferas sociales, a los que une sin embargo la vocación por superarse y la expectativa de que el público que cada mes asiste a sus conciertos reciba un programa interpretado con mayor calidad que el anterior.

La perseverancia ha sido una aliada imprescindible de este joven director, para quien la idea de conducir una orquesta sinfónica parecía una quimera cuando una década atrás comenzó a estudiar Dirección Coral en el ISA y constató la reducida matrícula de estudiantes de música existente en este centro de altos estudios. Así, recuerda que todo comenzó siendo un proyecto de un pequeño grupo de amigos con los que empezó a experimentar las técnicas de orquesta, poco conocidas en Cuba, dado que siempre se ha privilegiado la formación de grandes solistas. "Los primeros ensayos fueron terribles, sin condiciones, con falta de espacio. Pero los muchachos tenían tantas ganas de trabajar, de querer hacer música, que me hizo cambiar de opinión y querer seguir con eso,  y tratar de regarlo todos los días."

El 27 de enero de 2015, como parte del evento que cada año la Fundación Mozarteum de Salzburgo organiza en esta ciudad para celebrar el natalicio del célebre compositor austríaco, el público europeo pudo escuchar una parte del diverso repertorio de estos jóvenes, en el que ocupan un lugar especial las obras de Mozart junto a la de compositores cubanos de la vanguardia de los años 40 y 50 del pasado siglo, así como algunas piezas creadas por los propios músicos de la orquesta. Entonces José Antonio volvió a experimentar un bienestar que hoy confiesa no poder explicar con palabras: “estar en un concierto, delante de 80 músicos que están conectados contigo de alguna forma, y que el público reciba una buena ejecución, te da una satisfacción que es indescriptible. Es tan motivador, que cada concierto es un sueño a corto plazo.”

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