Delegation of the European Union to Canada

La demografía y Europa en el mundo

05/07/2020 - 21:47
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05/07/2020 - «La demografía es el destino», aseguró el sociólogo Auguste Comte: en esencia, la idea es que la evolución y la distribución de la población determinan el futuro de un país o región. Recientemente, mi colega Dubravka Šuica, vicepresidenta de Democracia y Demografía de la Comisión Europea, nos facilitó un informe sobre las consecuencias previsibles de los cambios demográficos que se están produciendo en Europa y en todo el mundo. Este trabajo merece toda nuestra atención, ya que trata un tema decisivo tanto para los asuntos internos de la Unión como para su posición mundial.

Un movimiento de tenaza: menos nacimientos, mayor esperanza de vida

La evolución demográfica se caracteriza por una fuerte inercia, ya que para décadas futuras depende de los nacimientos registrados en el presente. Sin embargo, las proyecciones demográficas a cincuenta años vista no son una ciencia exacta: a veces los comportamientos pueden cambiar más rápidamente de lo esperado y enfermedades como la COVID-19, los conflictos o la migración pueden alterar sustancialmente la situación. Con esta salvedad, las proyecciones son muy útiles para prepararse para el futuro.

De un tiempo a esta parte, los europeos están teniendo menos hijos que antes. Con una media de 1,55 hijos por mujer en 2018, Europa está lejos de la tasa de 2,1 hijos necesaria para estabilizar su población. Desde 2012, las muertes superan los nacimientos, lo que supone que, de no ser por la migración procedente de fuera de Europa, nuestra población ya habría empezado a descender.

La UE cuenta ahora con 447 millones de habitantes. Según las proyecciones de Eurostat, se espera que esta cifra alcance los 449 millones en torno a 2025, antes de descender, de 2030 en adelante, hasta los 424 millones en 2070. Todo esto viene acompañado de un envejecimiento importante: se prevé que la proporción de personas mayores de 65 años ascienda del 20 % en 2019 al 30 % en 2070. Al mismo tiempo, se espera que la población de entre 20 y 64 años (es decir, en edad laboral) disminuya de forma constante.

Este fenómeno dual generará un rápido aumento de la llamada tasa de dependencia entre el número de personas de más de 65 años y el de personas en edad laboral entre 20 y 64 años. En las próximas décadas, esto supondrá un gran desafío para nuestras economías, así como para la financiación de nuestros sistemas sociales y sanitarios. No obstante, la tasa de empleo de la población en edad laboral, según afirman los especialistas, puede modificar sustancialmente la situación: de ahí la importancia que la Comisión confiere a esta cuestión.

El informe de la Comisión muestra también que, en lo que respecta a la evolución demográfica, existen diferencias considerables entre las regiones de Europa. Algunas, en particular las zonas rurales de la Europa oriental y meridional, probablemente experimentarán un descenso rápido y constante de la población. De ahí que necesitemos políticas activas, especialmente en el ámbito del empleo y la salud, para garantizar que el cambio demográfico no exacerbe las diferencias dentro de la Unión. La Comisión trabajará a lo largo de los próximos meses en mecanismos para prestar un mayor apoyo a las personas de edad avanzada y a las regiones rurales más afectadas.

Una población europea menguante frente a una mundial en expansión

El informe subraya asimismo el modo en que la evolución demográfica influirá en la posición mundial de Europa. Se prevé que la población mundial siga creciendo, de 7 800 millones en 2020 a 10 500 millones en 2070, según el escenario central de las Naciones Unidas (enlace externo). En 1950, la población de los 27 países que en la actualidad conforman la Unión representaba aproximadamente el 12,9 % de la población mundial; hoy en día, constituye el 5,7 %. En 2070, la UE supondrá en principio solo el 3,7 % de la humanidad.

Las trayectorias contrapuestas de los Estados Unidos, China, la India y África

Asimismo, las previsiones demográficas en torno a otras regiones del mundo arrojan luz sobre los principales desafíos que afrontará la política exterior de la UE durante el próximo medio siglo.

Se espera que la población de los Estados Unidos, cuya demografía es algo más dinámica que la nuestra, alcance la de la UE de aquí a 2070. Sin embargo, para entonces seguramente seguiremos estando en una situación muy similar: los Estados Unidos solo representarán el 3,9 % de la población mundial.

China, que en la actualidad cuenta con el 18,5 % de la población mundial, también verá reducido significativamente su peso demográfico relativo. De aquí a 2070, se prevé que el «Imperio del Centro» haya perdido 181 millones de habitantes y contenga «solo» el 12 % de la población mundial. Se espera que la mediana de edad de la población china, que actualmente es de 38 años, aumente a 49 años en 2070. Es una mediana incluso superior a la europea, que se espera que alcance los 48 años para entonces.

China experimentará, de hecho, un envejecimiento muy rápido de su población a lo largo del próximo medio siglo. Aunque su declive demográfico debería aliviar la presión sobre el medio ambiente en las zonas con mayor densidad de población, el envejecimiento de la población será sin duda uno de los desafíos más importantes para un país que todavía no cuenta con una red de protección social desarrollada.

De aquí a 2070, en contraste, se espera que la población de la India se haya incrementado en 249 millones de habitantes, con lo que equivaldría al 15,6 % de la población mundial, casi un tercio más que China. Con todo, no es seguro que este crecimiento de la población se traduzca en el correspondiente aumento de la preponderancia mundial de la India: de hecho, supondrá considerables problemas en un país con un medio ambiente degradado, escasos recursos e importantes tensiones internas.

El auge de África

Lo que se desprende sobre todo del informe de la Comisión es la revolución demográfica que se está produciendo en el África subsahariana. Esta zona representaba en 1950 solo el 7,1 % de la población mundial, la mitad que Europa. Ahora representa el 14 %, más del doble que la Unión. En 2070 se supone que su población habrá llegado al 27,4 %, más de una cuarta parte de la población mundial y siete veces la nuestra.

El futuro del África subsahariana, su estabilidad política y su éxito económico tendrán indudablemente un impacto decisivo en la configuración del mundo del mañana. Influirá particularmente en Europa, al ser vecina del continente africano y estar vinculada a él por tantos viejos lazos, aun cuando estos no hayan sido siempre amistosos en el pasado. El futuro de la UE dependerá en gran medida de nuestra capacidad para ir mano a mano con África en su desarrollo a lo largo del siglo XXI, y contribuir a su éxito.

La evolución demográfica que se está produciendo planteará retos importantes para Europa, tanto a nivel interno como externo. El peso demográfico sin duda no es el único factor determinante de la importancia de una entidad política. En términos económicos, la capacidad de movilizar a toda la población en edad laboral y la capacidad de innovación pueden marcar una diferencia significativa. Un país como Japón, que ya ha experimentado un envejecimiento masivo de la población y ha visto descender su población desde 2009, sigue siendo, no obstante, una gran potencia económica, especialmente en el ámbito de la alta tecnología. Y, en lo que respecta a las cuestiones geoestratégicas, el peso de un país ya no se mide principalmente por su capacidad para alinear un gran número de soldados en el campo de batalla.

En cualquier caso, habida cuenta de los cambios demográficos que se están produciendo, en 2070 ningún país europeo será capaz, por sí solo, de desempeñar un papel significativo en el mundo. Si los europeos quieren seguir teniendo voz en los asuntos mundiales, es esencial que profundicemos en nuestra Unión. No se trata de imponer nuestra voluntad sobre los demás, sino de conservar nuestra capacidad de decidir por y para nosotros, sin que otros nos impongan sus decisiones, especialmente quienes enarbolen unos valores que no estén en consonancia con los nuestros.

 

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