Artículo de la Comisaria Kristalina Georgieva sobre el Día Mundial de la Ayuda Humanitaria (19/08/2012)

Este domingo se celebra el Día Mundial de la Ayuda Humanitaria. Conmemora el día 19 de agosto de 2003 en que Sergio Vieira de Mello, Representante Especial en Irak del Secretario General de las Naciones Unidas, y 21 de sus compañeros de trabajo fueron asesinados en un violento atentado con coche bomba en la sede de las Naciones Unidas en Bagdad. Es un día en el que se rinde homenaje a todo el personal humanitario que ha perdido la vida en el ejercicio de su misión y a todos aquellos que siguen corriendo riesgos para aliviar el sufrimiento de los menos afortunados.
El atentado contra el Hotel Canal, como es conocido, cambió de modo irreversible la situación de seguridad en que realizan sus tareas los trabajadores humanitarios. En el pasado, los trabajadores humanitarios eran respetados, no eran un blanco. Las banderas y emblemas de las organizaciones humanitarias, que tradicionalmente suponían una protección para los trabajadores humanitarios, los están convirtiendo ahora en blancos potenciales.
El trabajo humanitario es uno de los oficios más peligrosos del mundo. Secuestros, disparos y amenazas de muerte forman parte de la descripción de su trabajo en lugares como Sudán, Siria, Somalia y otras zonas castigadas por los conflictos. Quienes trabajan en esos inestables territorios corren cada vez mayores peligros, al tiempo que prestan una ayuda vital a las víctimas de las guerras y de las catástrofes en todo el mundo.
Es claramente inaceptable que estos trabajadores, que prestan un servicio a la Humanidad, sean objeto de acoso, secuestro o incluso asesinato.
En la última década los ataques a los puestos humanitarios se han triplicado. Según las Naciones Unidas, desde 2011, 109 trabajadores humanitarios han sido asesinados, 143 han sido heridos y 132 han sido secuestrados. Los crímenes contra civiles desarmados nunca están justificados. Cuando esos crímenes se cometen contra personas que dedican sus vidas a salvar a otras personas, la injusticia es todavía más patente.
Es importante recordar que la inmensa mayoría de esas víctimas no son trabajadores humanitarios internacionales de países occidentales, sino personas que prestan ayuda en su propio país, trabajando al nivel más cercano a la población local. La ayuda humanitaria no es exclusiva de Occidente sino un imperativo mundial. Los numerosos trabajadores humanitarios nacionales que han sacrificado sus vidas son prueba de ello.
En los últimos doce meses, Siria se ha convertido en un escenario de matanzas. Seis trabajadores humanitarios han sido asesinados desde principios del año, todos ellos sirios. En dos casos se alega que las víctimas, ambas de la Media Luna Roja Árabe Siria, fueron un blanco deliberado. En cuanto a los disparos a ambulancias, el uso indebido de hospitales o el bombardeo de la población civil, se trata de violaciones directas del Derecho Humanitario Internacional.
La seguridad y la protección de los trabajadores humanitarios dependen directamente de que tengan acceso seguro a las poblaciones vulnerables y presten su ayuda de modo sostenible. La violencia ejercida contra los trabajadores humanitarios también afecta a las personas a quienes ayudan. Miles de personas vulnerables pueden quedarse sin apoyo esencial si se suspende o anula la ayuda por motivos de seguridad.
Los principios humanitarios y los marcos jurídicos internacionales ofrecen un determinado nivel de protección oficial, pero solo si son observados y respetados. Lamentablemente, las condiciones en que desempeñan sus tareas los trabajadores humanitarios encierran mayores peligros cada año.
Los trabajadores humanitarios nos hacen sentir más cercanos unos de otros, recordándonos que somos una sola familia que comparte el mismo sueño de un planeta en paz en el que todos podamos vivir con seguridad y dignidad.
Este será también un día para reflexionar sobre nuestras propias vidas y pensar en qué más podemos hacer para ayudar a las personas que padezcan conflictos, catástrofes y penalidades. Dejemos que aquellos a quienes rendimos homenaje hoy nos inspiren para emprender nuestro propio camino y hacer que el mundo sea mejor y nuestra familia humana esté más unida.

Kristalina Georgieva, Comisaria Europea de Cooperación Internacional, Ayuda Humanitaria y Respuesta a las Crisis.